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Queridos gays,
Ya sé que no es fácil crecer en los arrabales de la sociedad. Ya sé que duele ser despreciado, marginalizado, y que se rían de uno. Sé como se siente estar en la mira de los fanáticos conservadores quienes no quieren asumir la responsabilidad de sus propias acciones. De hecho, simplemente soy como tú.
Pero aún así, a veces, me considero homofóbo. Y te daré una explicación muy directa de por qué.
Espero no haberte producido una erección cuando leíste el párrafo, pero, ¿quién sabe? Lo único que no es sexualizado por tu “supuesta” cultura Gay (todavía) es el pescado frito. Ese es uno de los problemas que tengo contigo. Estoy casi seguro que si te dejo entrar en mi casa, vas a tratar de “reproducirte” con todo, empezando con el pomo de la puerta, y terminando con los candelabros. Y eso da asco.
De hecho, puedo probar científicamente que hay un equivalente a la Ley de Godwin para las conversaciones pertinentes a la gente Gay: Después de la tercera oración en cualquier conversación gay, las probabilidades de una connotación sexual alcanza un 100%. Y me puedes citar cuando quieras, y gratis.
No, no se supone que te debas reír todavía. Sólo pon atención.
¿Sabes cuál es tu problema? Estás crónicamente distraído. No te culparía completamente, después de todo, la buena suciedad, digo, sociedad ha estado muy ocupada erigiendo tantos obstáculos en tu camino que tu forma mental parece la de un feto abortado, que ha sido reimplantado en el útero de un fundamentalista cristiano. Lo miras, estás lleno de simpatía por ello, pero sin embargo no lo quieres encima las 24 horas del día y los 7 días de la semana porque es asqueroso.
Pero hay una diferencia entre un bebé con retardo mental y tú – tú eres mucho peor. El bebé al menos querría liberarse de su jaula de limitaciones tanto como le fuera física y mentalmente posible. Tu caso es otro. Pareces acoger tus limitaciones. Simplemente violaste la palabra “superficial”, la llenaste con un torcido sentido dignidad, y ahora exiges respeto por éso. Y ya sé que hay hordas de gente heterosexual que disfrutan tu idea ridícula de “libertad” lanzando serpentinas y papelillos contigo en los podios de las calles, pero, ¿sabes qué? Ellos jamás se te unirán allí arriba. ¿Por qué? Porque a todos les gustan los payasos, pero muy pocos se atreven a serlo. Y para hacer las cosas aún más complicadas, la única forma en que alguien puede hacer el payaso quedándole una pizca de dignidad es si agrega algo inteligente en su show. Tu show es más superficial que los pantanos de la Florida.
¿No me crees? Hagamos una prueba. ¿Cuántos de ustedes han oído hablar de Alan Turing? Muy bien. Ahora, ¿Cuántos de ustedes han oído hablar de Madonna?
¿Ves?
Ahora ya sé lo que vas a decir: ¡Cómo te atreves a mezclar ídolos del entretenimiento con gente real y seria! ¿Sábes qué? Te puedes meter tus excusas por otra parte. Cada maricón retardado debería saber quién fue Alan Turing. ¡Despiértate de una buena vez!
Y no me vengas con el cuento mierda de “Estoy orgulloso de quien soy” pues la respuesta que obtendrás de mi es la misma que le daré a cualquier obeso mórbido fan de McDonalds. ¡Vergüenza debería darte! Es cierto que vivimos en un mundo libre, y puedes hacer lo que te de la gana. Pero quienquiera que te haya dicho que es gracioso ser un petardo superficial fue un pervertido mentiroso. O eso, o eres una víctima indirecta de un conservador muy inteligente y homófobo cuya meta era mantenerte en la jaula mental que llamas con orgullo “tu mundo”.
